Peregrina
Quiero, empiezo diciendo que lo quiero. Te quiero, a ti, en este caos y desorden que, aunque vacía soy sensible a tus manos, a tus besos, y a tu cara presencia que todo lo cobra hasta que nos veamos de nuevo. Necesito el perdón de mis errores repetidos, de las piedras que ya había sacado de mi camino. Esta calle ya la he recorrido. Reconozco este dolor, parece que olvidé cómo volver. Contigo lo olvido todo y me arrebatas el coraje de por fin marcharme. Ahora mi vida transita entre las fronteras del deber y el deseo, soy apenas una peregrina de tu cuerpo repitiendo todas las oraciones que se deban para habitar [otra vez] en tu cielo.