¿Y si Dios no existe?

Semana santa, reflexión, costumbres, introspección, pesáj, entre otras prácticas religiosas judeocristianas. Pero, ¿Por qué tantas fórmulas religiosas para acercarnos a Dios? ¿Y si Dios no existe dentro de esas prácticas? ¿Por qué simplemente no podemos sacar a Dios de las prácticas humano? ¿Por qué los vacíos históricos quieren ser llenos con un ser supremo y pareciera haber evidencia de un creador inteligente? Por supuesto, las razones de la existencia de Dios no serán respondidas aquí - por la extensión del tema-, la presente reflexión se encaminará hacia una crítica de las prácticas religiosas judeocristianas. 

Contexto histórico 

Ahora bien, la concepción del Dios de occidente, siguiendo las tres religiones más importantes del mundo: cristianismo, judaísmo e islamismo, tienen en común el pentateuco. Esto tiene que ver con sus características abrahámicas y su creencia en Jehová, Yahweh, o Alá, según corresponda. 

Tomado de wikipedia. 

Por otro lado, cada religión está configurada por diferentes prácticas religiosas, que desde su cosmovisión, al ser realizadas, pueden ayudarle a la persona a tomar cercanía hacia a Dios. Desde nuestro contexto judeocristiano, al ser colonizados y conquistados y robados (jajaja) por Europa, logramos comprender mucho más la religión cristiana, por estar más familiarizados con ella desde nuestra experiencia social, cultural y política. Igualmente, esto tampoco ha sido un limitante en alzar las vistas hacia otros horizontes religiosos; es decir, podríamos elegir otra religión u otra forma de interpretar a Dios (lo que sé que ya muchos hacen desde su experiencia particular y desde la inclusión de leyes que respaldan la libertad de culto en algunos países). De esta forma, la figura de un “Dios” llega a ser interpretada de acuerdo con las consideraciones culturales, sociales o electivas de los seres humanos.

Mucho se ha abordado, también, sobre los conflictos religiosos y las muchas guerras en las que estas religiones se han visto involucradas. Y aquí tiene mucha precisión reconsiderar esta afirmación nietzscheana: "el hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza" sin embargo, esta afirmación no necesariamente niega la existencia de un ser superior (tampoco se afirma que Nietzsche fuese creyente) pero la religión ha tenido, desde la etimología de su palabra y los hechos históricos, la intención de religar a las personas. 

Precisamente, el desligar el pensamiento o concepción de Dios de la religión o lo que han "enseñado" de Dios, devela una figura de Dios manipulada por el hombre, pero es justo lo que la religión ha impuesto. Por eso, el control político no se pensaba sin la iglesia: el hombre, innegablemente, ha usado la figura de Dios para controlar.

Aproximación científica 
Por otra parte, la ciencia desde el ámbito neurocientífico, ha estudiado con amplitud esa supuesta "necesidad" del ser humano de crear "seres imaginarios" que nunca han visto pero, que dicen haber sentido y por el cual rigen toda su vida. Es preciso citar: 

Esta tarea bidireccional nos lleva a enfatizar en la importancia de la interdisciplinariedad en la ciencia experimental, y a suscitar una reflexión profunda sobre el papel de la Teología en su relación con las ciencias experimentales y en su función rectora como exigencia del pensamiento. (Giménez, 2010, p.435)

Tal parece, entonces, que la imaginación modula ese ser supremo de una forma muy latente e intuitiva que desborda sus emociones y hace que su concepción perdure en la historia. A su vez, surge otro interrogante relacionado con la neurociencia y Dios: ¿Qué relación podría tener el cerebro con la naturaleza de Dios, que ha creado al hombre a su imagen y semejanza? Descartes podría decir mucho al respecto, también el científico Willis e incluso Spinoza, pero con mucha más anterioridad, Platón consideraba que todos tenemos impregnado una idea de Dios en el alma. ¿Y cómo se materializa, en nuestro tiempo, esa idea de Dios en la realidad visible? Sin duda no es a través de la religión.

Tomando esta vía neurocientífica, para analizar la posibilidad de que el ser humano pueda sentir a Dios, es importante abandonar cualquier práctica que religue la propia posibilidad de sentir una entidad superior; sin esta opción, se estaría describiendo un Dios teórico y no práctico-sensible, lo cual le restaría credibilidad al análisis científico y a la experiencia, su papel fundamental. Por consiguiente, tiene relevancia lo que se sienta o se perciba de Dios y no lo que dicen de Dios, ni mucho menos lo que se percibe de Dios o lo que imponen. A esto me refiero con las prácticas o el extenuante recetario de cosas que “se deben hacer”, según dicte la religión.

En virtud de lo anterior y siguiendo la idea de Dios en el alma platónica como conexión entre lo humano y lo divino, ¿Por qué el cerebro activa las cortezas asociativas en estas experiencias donde lo humano parece que conecta con algo diferente? Giménez (2010) describe un experimento realizado por Beauregard en el departamento de psicología de la universidad de Montreal en Canadá:
 
Estos trabajos han sido realizados en monjas carmelitas de clausura de las que ninguna presentaba un trastorno psiquiátrico o neurológico que pudiese dificultar el experimento, y a las que se pidió que recordaran alguna experiencia interior caracterizada por el sentido de unión con Dios. Se recogió la actividad cerebral de este paradigma experimental utilizando técnicas de resonancia magnética cerebral y electroencefalografía 12. Estas pruebas mostraron que varias regiones encefálicas se activaban durante este tipo de experiencias vitales. (p.440)

Luego menciona que: 

Desde el punto de vista neurobiológico, vemos que la experiencia religiosa es capaz de poner en concierto redes neuronales muy complejas y que involucran de forma sintética regiones cerebrales perceptivas, cognitivas y emocionales. (p.441)


Hasta aquí, la experiencia espiritual –no religiosa– tiene un papel fundamental en la vida de las personas y esta, a su vez, podría ser rastreada científicamente. Por tanto, sería prudente revisar la idea de Dios o estos ejercicios "espirituales", desde la práctica misma de experimentar a Dios y no desde una fórmula teórica o recetaria ajustada la religión de nuestro interés. Esto ya estaría condicionando ese ser todopoderoso/la sustancia/el timeo.

O sea, esta experiencia emocional y sentimental (porque perdura) que puede ser percibida a través de las prácticas espirituales del ser humano, puede ser también la configuración y el rector moral que las personas creyentes utilizan para guiar su vida. Por ello, un "trance" religioso visto desde cualquier religión, es significativo para las personas que lo experimentan. Entonces, ¿Dios podría morir en las prácticas religiosas sin esa experiencia? Porque, ¿Cómo se conocerían esos atributos de Dios si nunca se ha tenido esa actividad cerebral que permita tener una idea? ¿Y si desligamos la idea sobre Dios de lo religioso y lo llevamos a lo práctico-sensorial? En ese sentido, la fe sería práctica: sería una razón práctica vivida propiamente, no solo replicada.

"La razón práctica sobre la que se basa el conocimiento moral es también auténticamente racional y no simplemente la expresión de los sentimientos subjetivos no-cognoscitivos." (Ratzinger, 1991, p.285)

Así, reconocer la idea de Dios tendría relación con el actuar desde principios universales –la moral, por ejemplo–, y esto no disminuye la actividad racional sino que es una actividad racional en sí. De esta forma, la fe, cuando deja de ser práctica en la espiritualidad, mata a Dios; la humanidad entonces, al experimentar la muerte de Dios –que solo vive en la espontaneidad espiritual–, inventa a un Dios que siempre aparece a través de las prácticas religiosas, del control; pero, ¿Y si Dios nunca ha existido en esas prácticas?. 

"Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa." - (Romanos, 1:20, NVI)



Referencias bibliográficas:

- Acosta, J. (2017) Teología platónica: a propósito de la idea suprema de bien en la república. Revista de teología, vol. 10, n.3, pp. 61-75. 

- Giménez, J. (2010) ¿Dios en el cerebro? la experiencia religiosa desde la neurociencia. Scripta Theologica, vol. 42, pp. 435-449.

Ratzinger, J. (1991) «Abbruch und Aufbruch. Die Antwort des Glaubens auf die Krise der Werte», en Wendezeit für Europa? Diagnosen und Prognosen zur Lage von Kirche und Welt, Freiburg: 1991, 25. (Traducción al castellano en KAPUSTA) P., cit., 285.



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