Lo que se espera de las mujeres en las relaciones amorosas (y después)


Finalizar una relación amorosa - heteronormativa - trae consigo un cúmulo de procesos que deben realizarse para construir un relato nuevo en la mente de las personas. No soy experta pero, el dolor necesita ser comprendido y para ello, es importante saber por qué los procesos cuestan tanto y cuál es el sentido de este. Atravesar el dolor es un trabajo que necesita de la comprensión de este sentir y de saberse capaz de volver a empezar, por más que cueste, por más que pese. Pero, ¿Puede que el dolor también sea más llevadero para algunas personas que para otras? ¿Mantener privado el dolor ayuda? Lo privado - el sentir el dolor de la pérdida y no querer hablar de eso -, finalmente, resulta siendo público en la medida en que se hizo público el amar; y esto, puede ser un peso que a su vez dificulta el proceso de sanar, así se oculte lo que se está padeciendo.

En medio de esta reflexión, también he cuestionado qué se espera de la mujer cuando finaliza una relación: ¿El dolor es diferente según el sexo? Por ello, es importante anticipar que esta es otra reflexión llena de feminismo y filosofía social, porque siento que el dolor también hace parte de lo público y en efecto, tiene un papel social; como el sexo en función del dolor; como el sexo en función de la sociedad.

El rol cuidador que históricamente ha recaído sobre las mujeres, le atribuye un peso tortuoso a la finalización de una relación para estas. De esta forma, para hablar sobre lo que se espera de una mujer al finalizar una relación, se debe precisar en lo que se espera de una mujer, de manera biológica y también social, durante una relación. Solo de esta forma se puede entender el malestar emocional que puede surgir luego de una ruptura para las mujeres y en qué medida puede ser más tortuoso que para los hombres. 


El papel de la mujer desde la perspectiva biológica y la esfera social

Es importante iniciar la reflexión, recordando las determinaciones sociales que se le adjudicaron a la mujer durante tantos siglos. Esto es importante en la línea argumentativa que se pretende plantear: saber de dónde viene todo y por qué; a su vez, si ha pasado tiempo, por qué como generación nos sigue pesando el estar solas en la sociedad o, de acuerdo a la edad biológica, "nos está dejando el tren" y ser mamá es una opción que se nos escapa con el paso del tiempo. Beauvoir (2014) menciona: "El matrimonio moderno no puede comprenderse más que a la luz del pasado que perpertúa" (p.373). 

Si bien solo se precisó en la relación del matrimonio en el anterior fragmento, resulta fundamental mencionar que este fragmento puede aplicarse a cualquier tipo de relación sentimental para la mujer. De esta forma, el pasado perpetúa muchas prácticas que se materializan en las formas que nos relacionamos, incluso, siendo siglo XXI. Si una relación no funciona, una carga con el peso de saberse en soledad y que, si ya se cruzó el umbral social de determinada edad, debería surgir una preocupación de llegar a ser una "paria", como lo mencionó la filósofa en su obra del Segundo Sexo. 

Ciertamente hay preocupaciones que también embargan al sexo masculino pero, es la mujer la que fue patrimonio de su esposo en la antiguedad - una vaca pudo tener mayor valor en la antigua roma, por ejemplo; o incluso un mobiliario de la herencia -. Siguiendo esta línea histórica, las mujeres, tampoco, al momento de firmar sus documentos de matrimonio, podían hacerlo directamente sino que la mujer era dada en matrimonio por unos hombres - padre, tío, hermano - y era recibida por otros hombres - su marido -. No obstante, esto no devela un tipo de enemistad entre los sexos, por el contrario, se necesitan; la información expuesta, entonces, tiene un propósito expositivo que se relaciona en cómo, anteriormente, la mujer se podía expandir socialmente si tenía un compañero sentimental; la mujer podía ser algo socialmente si estaba casada. De esta forma, la compañía de un hombre, parece dar significado social a la mujer. En palabras de Simone: 

"Así, pues, la joven aparece como absolutamente pasiva; sus padres la casan, la dan en matrimonio. Los muchachos se casan, toman a la mujer. Buscan en el matrimonio una expansión, una confirmación de su existencia" (Beauvoir, 2014, p.377). 

En ese mismo sentido, el reloj biológico - que es otro deseo en el checklist de lo que se espera de la mujer - parece ser definido socialmente y es imposible concebir que una mujer sea madre después de los 35 años, por ejemplo. No obstante, a nivel mundial, mencionan los médicos Fuentes, Sequeira y Tapia (2021): "Tener el primer hijo después de los 30 años se ha vuelto una realidad cotidiana en muchas partes del mundo".; esto no borra, desde luego, los posibles riesgos biológicos que trae consigo tener un primer bebé - en el caso de las que quieren ser madres -, después de los 30 años. Pero, gracias a los niveles de educación en la época de los 80's (1980), la decisión de ser madres ha cambiado demográficamente, incluso a nivel mundial. ¿Podría ser que lo que se sabe del reloj biológico, socialmente, no son más que los rezagos que quedan en la esfera social sobre lo que se espera de una mujer? Lejos de una preocupación científica por si las mujeres deben ser madres pronto, ¿Por qué una mujer soltera, a determinada edad, es percibida desde una visión lastimera? ¿No puede expandirse socialmente sin la compañía de un hombre, sin ser aún madre?

"En verdad, toda existencia humana es trascendencia e inmanencia a la vez; para superarse exige conservarse, para lanzarse hacia el porvenir necesita integrar el pasado y, sin dejar de comunicarse con -otro, debe confirmarse en sí misma" (Beauvoir, 2014, p.377-378). 

Esto no deja de lado las adjudicaciones de roles que se le dan a los hombres, pero esto no es tema de reflexión en esta oportunidad. Por lo menos, hasta el momento, se ha dicho que solo un sexo conseguía una realización social desde el matrimonio - y todavía se ve en las películas y series actuales que consumimos -. Así, solo un sexo lograba alcanzar un sentido de expansión social y lograr ser algo a partir de su relacionamiento con lo Otro. Y este no fue el caso de los hombres. 

"Así, pues, para ambos cónyuges el matrimonio es a la vez una carga y un beneficio, pero no existe simetría en sus respectivas situaciones; para las jóvenes, el matrimonio es el único medio de integrarse en la colectividad, y si se quedan solteras, son consideradas socialmente como desechos. Por eso las madres han buscado siempre con tanto ahínco casar a sus hijas" (Beauvoir, 2014, p.375). 


Nota. Imagen recuperada de Biblio.es

¿Estamos seguros de que estos rezagos históricos ya no nos tocan? Entonces, volvemos al problema que se planteó: ¿Qué se espera de una mujer al finalizar una relación? De esta forma, si ya finalizó la relación, el estatus social cambia y se abre el siguiente interrogante: ¿Qué se espera de una mujer que está soltera? ¿Todavía seguirá siendo percibida como que dejó de expandirse socialmente porque ya no cuenta con un compañero?

El dolor de la pérdida, no solamente se enfoca en la pérdida del amado/a sino también en la preocupación de ser una "paria" en la sociedad. Simone, ya han pasado muchos años pero de manera inconsciente esto nos sigue persiguiendo, incluso entre nosotras mismas. ¿Por qué es tan díficil pensarse en soledad? ¿Nuestra aflicción también tiene que ver con lo que la sociedad misma nos dice que debemos ser aún? Casarnos, ser madres, cuidar; no en ese orden pero sí en algún momento de nuestras vidas, todo eso junto. 

Esta reflexión está muy lejos de ser presentada desde una visión lastimera sino que, por el contrario, nos debe permitir pensarnos desde la soledad. Ya no se puede dar continuidad a lo que se espera de una, cada una tiene la posibilidad de pensar su propia realización y esta debe surgir a partir de su deseo propio y no desde la imposición social de lo que aún se espera de cada sexo. Desde hace mucho, nuestra expansión social, depende de nosotras y no de nadie más. 



Referencias: 

- Beauvoir, S. (2014). El segundo sexo. Penguin Random House.

- Fuentes, A., Sequeira, K. y Tapia, A. (2021). Efectos demográficos, clínicos y biológicos de la postergación de la maternidad. Revista Médica Clínica Las Condes, 32 (2), pp.146-160.


Comentarios

  1. Muy pertinente, lo amé. La redacción, increíble como siempre. 🫶🏻

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